La ‘financiarización’ de las economías domésticas
Miércoles, Marzo 11th, 2009
Las noticias sobre los precios de la vivienda tienden a poner el acento en su carestía, pero no en la consolidación del mercado de la vivienda como mercado financiero.
Un solo botón de muestra: entre 1999 y 2004 el patrimonio inmobiliario creció 2,2 veces su valor, convirtiéndose en la principal partida del patrimonio nacional de la economía española, con un valor absoluto en 2004 de 6,25 billones de euros (ocho veces el PIB).
La ‘singularidad’ de este emergente mercado financiero es que opera sobre un bien que es también objeto primario de necesidad para una gran mayoría de la población. Y es aquí donde deberíamos poner todo el acento. En la espiral al alza del mercado inmobiliario y en sus altas tasas de rentabilidad, buena parte de las familias del país se han visto sumergidas en un proceso que podríamos llamar de ‘financiarización’ de sus economías.
Esto significa que las rentas de estas familias están pasando a depender cada vez menos de las rentas de su trabajo, y cada vez más del valor de sus activos financieros acciones o fondos de pensiones), incluida la vivienda.
El paro se eleva a términos históricos, hay preocupación por el escaso crecimiento y el ministro de Economía, Pedro Solbes, asegura que el Estado apenas cuenta con margen de maniobra para aliviar a quienes padecen con más fuerza la desaceleración. De todo esto se ha hablado durante los primeros meses del año. Pero la misma descripción valdría para 1993. El ministro que subió entonces el IVA, privatizó empresas y redujo el gasto público, es el mismo del que depende hoy la gestión de la crisis provocada por el fin de la burbuja. Analizamos las medidas que está tomando el Gobierno, que al menos, esta vez, no devaluará la peseta.

Durante ciento cincuenta años nos han envanecido con la virilidad del trabajo, con el cuento del hombre domando el hierro, el proletario en mono azul canalizando la materia en fusión. Y, ¿ahora? Echa un vistazo a los forzudos: están a punto de transformarse en muñecos de dibujos animados. Siempre vestidos de azul, eso sí, pero añadiéndoles unas orejas largas y ¡una borla en el culo! Toda una región dispuesta a vivir de rodillas recogiendo los cacahuetes que les arrojarán los turistas… No me queda más que la esperanza de que aprendan el camino del odio… Sólo eso les puede salvar.

